16 DE MARZO DE 2013
RUTA DE LOS CASTROS(BOAL-ASTURIAS)


Distancia:16 km
Duración de la ruta: 5 horas
Dificultad: Media
Descripción de la ruta:

Se trata de una de las rutas más atractivas e interesantes del concejo de Boal, con gran variedad de recorrido, en la cual alternaremos entre los bellos bosques que tapizan el fondo de los valles de la comarca, junto a los paisajes abiertos que nos ofrece la montaña de Boal.

En este itinerario podremos contemplar interesantes y valiosos elementos arqueológicos, etnográficos y paisajísticos entre los que se encuentran:

• El Castro de Pendia, uno de los castros más espectaculares y mejor conservados, junto al de Coaña, de todo el occidente asturiano (siglo I-II d.c.), con un conjunto de 12 cabañas y dos saunas castreñas, edificios poco comunes y de gran valor arqueológico.

• Los Túmulos de Penácaros, valiosísimo monumento funerario prehistórico, fechado hace unos 2500 años antes de Cristo, de uso generalizado a partir del Neolítico y durante la Edad del Bronce.

• El pico de Penácaros, de 733 metros de altitud, otra de las atalayas más atractivas del concejo de Boal, desde el cual contemplaremos uno de los paisajes más espléndidos y bonitos de toda la región, con vistas del cañón que circunda el río Navia, el embalse de Doiras, y parte de los pueblos y picos de alrededor.

• A Llouseira, explotación antigua de lajas de pizarra en el río Rodella para colocar en los tejados de las casas, que llevó a tener más de 40 empleados.

Iniciamos esta bonita y variada ruta en uno de los museos de Boal: la Casa de la Apicultura, que junto al de la Emigración y al Museo del Hierro y de la Forja, reflejan tres de los elementos más destacables de este concejo asturiano a lo largo del tiempo: la miel, la emigración a América y el trabajo con el hierro en las ferrerías.

Desde dicho museo, nos introducimos en el pueblo de Los Mazos, que cuenta con alguna casa nobiliaria interesante, con escudo, capilla y hórreo. Descendemos y cruzamos río de Pendia, subiendo hasta enlazar por un sendero que nos introduce en un bello bosque de árboles autóctonos.

Seguimos atravesando el valle a media ladera hasta alcanzar de nuevo el río y volver a cruzarlo. El camino continúa a media ladera ofreciéndonos en este trayecto bellas vistas de todo el valle que estamos recorriendo, pasando por las ruinas de la aldea abandonada de Riomayor.

Finalmente, en medio del bosque, aparece el primer punto destacable de la ruta: A Llouseira, antigua industria de extracción de pizarra, fundamentalmente usadas para colocar en los tejados de las casas. Fue explotada desde antiguo, aunque su producción industrial comenzó en 1900, llegando a coexistir en la explotación 4 canteras de diferentes propietarios a lo largo del río de Rodella. En su época de mayor esplendor llegó a tener más de 40 empleados, 5 de ellas mujeres.

Continuamos hasta el pueblo de Hervededo y salimos a la carretera que nos lleva al pueblo de Pendia, que cuenta con un conjunto de 3 molinos.

Desde aquí, por un camino, llegaremos en unos 300 metros al segundo punto clave de la ruta: el impresionante castro de Pendia, del siglo I-II d.C, y que junto al de Coaña, es uno de los más importantes de todo el occidente asturiano. Excavado en 1941, se distribuye sobre un promontorio rodeado por uno de los meandros que forma el arroyo de Pendia, en un lugar muy bonito y espectacular, como suele ser habitual en este tipo de poblados. Cuenta con 12 edificaciones, destacando dos edificios de planta compartimentada que se identifican con dos auténticas “saunas castreñas”, que contaban con un vestíbulo, una cámara de vaporización y un horno. En un extremo del castro se halla la estancia más grande, que se identifica con un edificio de uso comunal.

Hasta aquí la parte fácil de la ruta, por terreno cómodo sin apenas desniveles. A partir de este punto comenzaremos a ascender siempre salvando un fuerte desnivel para dirigirnos a las zonas elevadas de montaña de Boal, en concreto al pico de Penácaros.

Después de la interesante visita al castro, continuamos la ruta por un camino que comienza a ascender duramente, para ir ganando altura, desde los 200 hasta los 500 metros, cuando alcanzamos el cementerio de Villanueva. Desde esta zona ya es posible apreciar un bonito paisaje de todo el valle con los pueblos y los picos de alrededor. Retomamos el fuerte ascenso por un sendero que se interna en un bosque de pinos hasta salir a zona de monte bajo dominada por matorral, donde es posible ver numerosos caballos en libertad y desde la cual se puede ver una fantástica vista de todo el concejo de Boal.

Después de otro pequeño descanso, avanzamos un tramo más hasta alcanzar el monte de Penácaros, a 733 metros, auténtica atalaya de todo el concejo de Boal, con gran parte de los pueblos a vista de pájaro, el embalse de Doiras, el río Navia, el pico del Cuco, la sierra de Penouta y resto de montañas de la zona.

Ahora comenzamos el descenso hasta un collado donde se encuentra una de las muestras prehistóricas de mayor valor de la comarca, junto a la Cova del Demo, “los túmulos de Penácaros”, monumento funerario del hombre primitivo de unos 2500 años antes de Cristo (Neolítico y Edad del Bronce), donde practicaban los enterramientos los primeros habitantes de la comarca y que constituyen el más antiguo testimonio constructivo documentado en Asturias. Los túmulos consisten en unas fosas excavadas a nivel del suelo donde se hacía el enterramiento, luego recubiertas, que tienen el aspecto de unos abultamientos del terreno.

Seguimos ruta por un sendero ascendente que nos lleva hasta otro pequeño monte, donde aparece ante nuestros ojos una espléndida vista de Boal.

De aquí tomamos un sendero que desciende bruscamente con gran inclinación hasta llegar a zona asfaltada más poblada, pasando por los núcleos de Cabanas y Serredo, desde donde cogemos un desvío que nos conduce de nuevo a la aldea de Los Mazos y a la Casa de la Apicultura, dando por finalizada esta bonita ruta circular.

EL CASTRO DE PENDIA

Excavado en 1941, es uno de los más importantes y mejor conservados del occidente asturiano.

El perímetro del poblado estuvo rodeado de una muralla defensiva rematada en torre sobre su flanco meridional, el más vulnerable, y dominando el profundo foso excavado en la roca que protegía el acceso al poblado. Los materiales descubiertos indican su ocupación desde época prerromana hasta el siglo II después de Cristo.

Tiene un conjunto de 12 edificaciones, destacando dos edificios con planta compartimentada en varias estancias, que actualmente se interpretan como “saunas castreñas”, también observadas en otros castros.

El castro ha sido calificado de poblado enigmático por varias razones: a su ubicación topográfica inusual se añade la desproporción entre sus potentes fortificaciones y el reducido recinto que protegían en el que, además, aparecen, junto al limitado conjunto de cabañas, dos saunas castreñas similares a las descubiertas en Coaña. Sin embargo, un examen detallado permite al visitante comprobar que, en realidad, un complejo defensivo de tal envergadura responde, precisamente, a la necesidad de transformar un emplazamiento tan vulnerable en lugar seguro para sus habitantes.

El acceso se realiza por un estrecho sendero que deja a la izquierda foso defensivo que aislaba el asentamiento del resto de la sierra. Sobre su cara interna se aprecia la muralla que remata en torre en el punto más elevado del recinto y desde la que se disfruta una espléndida vista del conjunto. En su interior se disponen una docena de cabañas, de planta circular u oblonga, entre las que destaca, por su amplitud y asilamiento, la situada en el sector norte, que ha sido interpretada como edificio de uso comunal. Algo semejante a lo que ocurre con las DOS SAUNAS conservadas. Ambas presentan una estructura similar con cámara principal abovedada, suelo de losas de pizarra y un horno en la cabecera que, mientras en la primera de las cámaras, la más elevada, ofrece planta semicircular, es ortogonal en la segunda.

Por lo que se refiere a la fundación del castro, varias piezas de gran antigüedad sugieren un primer establecimiento prerromano que, más tarde, sería integrado en un recinto fortificado de mayores dimensiones y cronología plenamente romana (siglo I y II d.C.) Algunos testimonios, muy escasos, indican probables asentamientos tardorromanos y altomedievales.

Por lo que respecta a los dos edificios más interesntes, las saunas castreñas, son un tipo de edificio característico de los castros del N.O. de la Península Ibérica. El occidente de Asturias posee el grupo más importante de los conservados. Su origen se remonta a los siglos I-II antes de Cristo cuando los pueblos castreños los construyeron para disfrutar de baños de vapor. Su estructura responde a un modelo repetido en todos ellos: vestíbulo, cámara de vaporización y horno. Durante la dominación romana los antiguos edificios evolucionarían para adaptar su estructura al modelo termal clásico romano.


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